Monthly Archives: June 2015

Turn to the Lord!

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Take from The Word Among Us Daily Reflections:  “Oftentimes our first response to difficulties is to imagine the worst, to fret, or to try to run away. These are all natural reactions, but they’re usually not the best reactions! The best thing to do is to make a conscious effort to stop, breathe, and seek the Lord in the quiet of your heart. Read a favorite Scripture verse if it helps. Try to get to daily Mass if you can. Make it a point to wake up a little earlier so that you can spend some extra time with the Lord. If you take steps to find God’s presence, you’ll also find the way through whatever challenges are before you.”

“Thank you, Lord, for being my refuge. I know that I can come to you anytime, anywhere, about anything, and be filled with your life.”

To read more go to:  http://wau.org/meditations/current/

Supreme Court Decision On Same Sex Marriage: Relationship to the Tasks of Catechesis.

Caregiving

Catechesis Promotes Knowledge of the Faith:  Respecting Human Dignity

The commission of the Church to preach the Good News to all people in every land points to the fundamental dignity possessed by each person as created by God. God has created every human person out of love and wishes to grant him or her eternal life in the communion of the Trinity. All people are created in the image and likeness of God and thus possess an innate human dignity that must be acknowledged and respected.

To read more, go to Catechetical Leader Weekly:   http://myemail.constantcontact.com/CL-Weekly.html?soid=1119710356639&aid=HStJ88HRf78

¿Tienes unos minutos? 7 tips para una catequesis efectiva

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Siempre es válida la pregunta: ¿cómo ser un fiel agente de catequesis que permita una evangelización y formación en la fe trasmitidas de manera efectiva? Para un modelo de catequista, solo hay que mirar a Jesús. Luego recordamos que el perfil por excelencia lo tiene Él. El mejor testimonio de esto es la Biblia. Hay algo en su modo de hablar, interactuar y compartir el Reino de Dios, que son claves tan esenciales para nosotros que iluminan nuestro ministerio.  Propongo a continuación 7 tips-claves que pueden mejorar nuestra catequesis con un fundamento cristológico:

  1. Conocer a Cristo. Si evangelizar y catequetizar tienen como tarea central anunciar a Cristo, pues debemos conocerlo primero. ¿No crees? Es una cuestión tan obvia que a veces ha sido minimizada y olvidada. Conocerlo es encontrarse con Él. Eso es una respuesta a su iniciativa de amor. Recuerda que Jesús te llama por tu nombre y te desafía a seguirle: “Saulo, Saulo, ¿Por qué me persigues?” (Hechos 9, 4)
  2. Formar en la fe. Luego de conocer a alguien, es posible amarlo. No hay mejor manera de amar a alguien que siguiendo sus enseñanzas. Si la catequesis comienza con el anuncio kerigmático de que Dios te ama, luego viene entonces el caminar catequético de la formación en la fe, no temporal, sino permanente. Cada día se aprende algo nuevo. ¿O no? La formación en la fe nunca termina. Jesus le dijo a pablo: “Ahora levántate, entra en la ciudad y allí te dirán lo que debes hacer.” (Hechos 9, 6) Esa es la verdadera formación, ir con nuestra Santa Madre Iglesia que tiene las enseñanzas de Cristo a que nos digan lo que debemos hacer.
  3. Usar la Biblia. Decía San Jerónimo: “Quien no conoce las Escrituras, no conoce a Cristo.” Esta es una verdad vigente. Lo pudiéramos parafrasear de la siguiente manera: no hay catequesis si no hay Escrituras. No deja de sorprendernos como es que un catequista sea capaz de enseñar sin la Escritura y sin conocerla. ¡Seamos claros! No es de justificar una sesión con una frase bíblica, se trata más bien de reconocer la autoridad que tiene en nuestro ministerio y de empapar nuestras vidas de la Palabra de Dios para poder cumplirla. Pidamos ese don.
  4. Orar. ¿Has ido alguna ocasión a una sesión catequética en donde se hace de todo, menos oración? Hablamos de la oración en los términos de Santa Teresita de Lesieux: “La oración no es una cuestión de hablar mucho, sino de amar mucho.” Cuando cambia el paradigma tradicional de creer que la oración significar hablar bonito, auto complacerse o hacer por hacer, entonces nos damos cuenta que la oración se expresa, si vive y se comparte en cada momento. Jesús les enseñó a sus discípulos a orar con el Abba Nuestro que es todo un proyecto de vida (Mateo 6, 9-13)
  5. Ser creativos. El Papa Francisco en Evangelii Gaudiium párrafo 33 dice: “Invito a todos a ser audaces y creativos…en los métodos de evangelización” No hay peor catequesis que aquella que es aburrida. Busquemos maneras de decorar el ambiente; integremos elementos musicales de realce; encontremos videos relevantes para la presentación; usemos la tecnología multisensorial a nuestro favor; hagamos una sesión interactuada y no monólogos; desafiemos y retemos a la audiencia de cara a Cristo, en fin…
  6. Estudiar. A diferencia de la formación en la fe que tiene una dimensión comunitaria inmediata, el estudio es en primera instancia, un crecimiento personal, pero que luego se proyecta hacia la edificación del pueblo. El que no estudia, tarde que temprano se queda obsoleto. Así de sencillo. El estudio acompañado de la oración es una arma poderosísima que nos permite nutrir nuestra inteligencia y conocimiento. Palabras de San Juan Bosco: “Alegría, estudio y piedad, el mejor programa para hacerte feliz y que beneficiará tu alma.”
  7. Usar tus dones. Finalmente y no con menos importancia, es importante descubrir cuáles talentos Dios te ha dado. El discernimiento es importante, y en algunas ocasiones de manera natural, tú mismo(a) puedes darte cuantos cuáles son tus potenciales. Si sabes cantar, úsalo para evangelizar. Si sabes hacer decoraciones, úsalo para la catequesis. Si sabes contar cuentos, úsalo también. Si sabes de tecnología, impleméntalo en tu compartir. Invirtamos en nuestros dones como aquel hombre: “Señor, me distes dos bolsas de oro, mira, he ganado otras dos…” (Mateo 15, 22)

Gerardo ‘lalo’ Salazar. 713-741-8798. Director Asociado de la Oficina de Evangelización y Catequesis.

La Muerte No Tiene La Ultima Palabra

Catequesis del Papa Francisco sobre la Familia y el Luto.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el recorrido de catequesis sobre la familia, hoy tomamos directamente inspiración del episodio narrado por el evangelista Lucas, que acabamos de escuchar (cfr. Lc 7,11-15). Es una escena muy conmovedora, que nos muestra la compasión de Jesús por quien sufre – en este caso, una viuda que ha perdido a su único hijo – y nos muestra también la potencia de Jesús sobre la muerte.

La muerte es una experiencia que concierne a todas las familias, sin ninguna excepción. Es parte de la vida; sin embargo, cuando toca a los afectos familiares, la muerte no nos parece jamás natural. Para los padres, sobrevivir a los propios hijos es algo particularmente desgarrador, que contradice la naturaleza elemental de las relaciones que dan sentido a la familia misma. La pérdida de un hijo o de una hija es como si detuviera el tiempo: se abre un abismo que traga el pasado y también el futuro. La muerte, que se lleva el hijo pequeño o joven, es una bofetada a las promesas, a los dones y sacrificios de amor alegremente entregados a la vida que hemos hecho nacer. Tantas veces vienen a misa en Santa Marta padres con la foto de un hijo, una hija, niño, muchacho, muchacha y me dicen: “se fue”. La mirada es tan dolorida. La muerte toca y cuando es un hijo toca profundamente. Toda la familia queda paralizada, enmudecida. Y algo similar sufre el niño que se queda solo, por la pérdida de un padre, o de ambos. Esa pregunta: “¿dónde está papá?” “¿Dónde está mamá?” – Está en el cielo.  “¿Pero por qué no lo veo?” Esta pregunta que cubre una angustia en el corazón del niño o la niña. Se queda solo. El vacío del abandono que se abre dentro de él es aún más angustiante por el hecho que no tiene ni siquiera la experiencia suficiente para “dar un nombre” a aquello que ha sucedido. “¿Cuándo vuelve papá?” “¿Cuándo vuelve mamá?” ¿Qué se responde? Y el niño sufre. Y así es la muerte en familia.

En estos casos la muerte es como un agujero negro que se abre en la vida de las familias y a la cual no sabemos dar explicación. Y a veces, se llega incluso a dar la culpa a Dios. Pero cuánta gente – yo los entiendo – se enoja con Dios, blasfema: “¿Por qué me has quitado el hijo, la hija? ¡Dios no está, no existe! ¿Por qué hizo esto?” Tantas veces hemos escuchado esto. Pero esta rabia es un poco aquello que viene del corazón, del gran dolor. La pérdida de un hijo o de una hija, del papá o de la mamá es un gran dolor. Y esto sucede continuamente en las familias. En estos casos, he dicho, la muerte es casi como un agujero.

Pero la muerte física tiene “cómplices” que son aún peores que ella y que se llaman odio, envidia, soberbia, avaricia; en resumen, el pecado del mundo que trabaja para la muerte y la hace todavía más dolorosa e injusta. Los afectos familiares aparecen como las víctimas predestinadas e indefensas de estas potencias auxiliares de la muerte, que acompañan la historia del hombre. Pensemos en la absurda “normalidad” con la cual, en ciertos momentos y en ciertos lugares, los eventos que agregan horror a la muerte son provocados por el odio y por la indiferencia de otros seres humanos. ¡El Señor nos libere de acostumbrarnos a esto!

En el pueblo de Dios, con la gracia de su compasión donada en Jesús, tantas familias demuestran, con los hechos, que la muerte no tiene la última palabra y esto es un verdadero acto de fe. Todas las veces que la familia en el luto – incluso terrible – encuentra la fuerza para custodiar la fe y el amor que nos unen a aquellos que amamos, impide a la muerte, ya ahora, que se tome todo. La oscuridad de la muerte debe ser afrontada con un trabajo de amor más intenso. “¡Dios mío, aclara mis tinieblas!”, es la invocación de la liturgia de la tarde. En la luz de la Resurrección del Señor, que no abandona a ninguno de aquellos que el Padre le ha confiado, nosotros podemos sacar a la muerte su “aguijón”, como decía el apóstol Pablo (1 Cor 15,55); podemos impedirle avenenarnos la vida, de hacer vanos nuestros afectos, de hacernos caer en el vacío más oscuro.

En esta fe, podemos consolarnos unos a otros, sabiendo que el Señor ha vencido la muerte de una vez por todas. Nuestros seres queridos no desaparecieron en la oscuridad de la nada: la esperanza nos asegura que ellos están en las manos buenas y fuertes de Dios. El amor es más fuerte que la muerte. Por esto el camino es hacer crecer el amor, hacerlo más sólido, y el amor nos custodiará hasta el día en el cual cada lágrima será secada, cuando “no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor” (Ap 21,4). Si nos dejamos sostener por esta fe, la experiencia del luto puede generar una más fuerte solidaridad de los vínculos familiares, una nueva apertura al dolor de otras familias, una nueva fraternidad con las familias que nacen y renacen en la esperanza. Nacer y renacer en la esperanza, esto nos da la fe. Pero yo quisiera subrayar la última frase del Evangelio que hoy hemos escuchado. Después que Jesús trae de nuevo a la vida a este joven, hijo de la mamá que era viuda, dice el Evangelio: “Jesús lo restituyó a su madre”. ¡Y ésta es nuestra esperanza! ¡Todos nuestros seres queridos que se han ido, todos el Señor los restituirá a nosotros y con ellos nos encontraremos juntos y esta esperanza no decepciona! Recordemos bien este gesto de Jesús; “Y Jesús lo restituyó a su madre”. ¡Así hará el Señor con todos nuestros seres queridos de la familia!

Esta fe nos protege de la visión nihilista de la muerte, como también de las falsas consolaciones del mundo, de modo que la verdad cristiana “no corra el riesgo de mezclarse con mitologías de varios géneros cediendo a los ritos de la superstición, antigua o moderna” (Benedicto XVI, Ángelus del 2 de noviembre 2008).

Hoy es necesario que los Pastores y todos los cristianos expresen de manera más concreta el sentido de la fe en relación a la experiencia familiar del luto. No se debe negar el derecho al llanto – ¡debemos llorar en el luto! También Jesús “rompió a llorar” y estaba “profundamente turbado” por el grave luto de una familia que amaba (Jn 11,33-37). Podemos más bien tomar del testimonio simple y fuerte de tantas familias que ha sabido captar, en el durísimo pasaje de la muerte, también el seguro pasaje del Señor, crucificado y resucitado, con su irrevocable promesa de resurrección de los muertos. El trabajo del amor de Dios es más fuerte del trabajo de la muerte. ¡Es de aquel amor, es precisamente de aquel amor, que debemos hacernos “cómplices” activos con nuestra fe! Y recordemos aquel gesto de Jesús: “Y Jesús lo restituyó a su madre”, así hará con todos nuestros seres queridos y con nosotros cuando nos encontraremos, cuando la muerte será definitivamente vencida en nosotros. Ella está vencida por la cruz de Jesús. ¡Jesús nos restituirá en familia a todos! Gracias.

(Traducción del italiano: María Cecilia Mutual – RV)

(from Vatican Radio)

Fuente: news.va

Nueva Encíclica del Papa Francisco

En un par de días se publicara la más reciente encíclica del Papa Francisco sobre la ecología, titulada: “Laudato Si” (Alabado Seas, en Latín).  Sandro Magister a publicado un anticipo de ella, que puedes leer aquí: http://www.infovaticana.com/2015/06/15/laudato-sii-la-enciclica-del-papa-sobre-ecologia-ya-disponible/

Happy Flag Day!

Our flag is representative of our independence and our unity as a nation…..one nation, under God, indivisible. Our flag has a proud and glorious history. It was at the lead of every battle fought by Americans. Many people have died protecting it. It even stands proudly on the surface of the moon. Here are the basics on displaying  the American flag:

  • The flag is normally flown from sunrise to sunset.
  • In the morning, raise the flag briskly. At sunset, lower it slowly. Always, raise and lower it ceremoniously.
  • The flag should not be flown at night without a light on it.
  • The flag should not be flown in the rain or inclement weather.
  • After a tragedy or death, the flag is flown at half staff for 30 days. It’s  called “half staff” on land ,and “half mast” on a ship.
  • When flown vertically on a pole, the stars and blue field , or “union”, is at the top and at the end of the pole (away from your house).
  • The American flag is always flown at the top of the pole. Your state flag and other flags fly below it.
  • The union is always on top. When displayed in print, the stars and blue field are always on the left.
  • Never let your flag touch the ground, never…period.
  • Fold your flag when storing. Don’t just stuff it in a drawer or box.
  •  When your flag is old and has seen  better days, it is time to retire it. Old flags should be burned or buried. Please do not throw it in the trash.

Did you Know? There is a very special ceremony for retiring the flag by burning it. It is a ceremony everyone should see. Your local Boy Scout group knows the proper ceremony and performs it on a regular basis. If you have an old flag, give it to them, and if possible attend the ceremony.flag

“Every day exercise your heart, by taking in life’s little pains and joys.” P. Palmer

sufferingThe following is an excerpt from Parker Palmer’s Naropa University graduation address: “Since suffering as well as joy comes with being human, I urge you to remember this – violence is what happens when we don’t know what else to do with our suffering. Sometimes we aim that violence at ourselves, as in overwork that leads to burnout or worse, or in the many forms of substance abuse. Sometimes we aim that violence at other people—racism, sexism, and homophobia often come from people trying to relieve their suffering by claiming superiority over others. The good news is that suffering can be transformed into something that brings life, not death. It happens every day. I’m 76 years old, I now know many people who’ve suffered the loss of the dearest person in their lives. At first they go into deep grief, certain that their lives will never again be worth living. But then they slowly awaken to the fact that not in spite of their loss, but because of it, they’ve become bigger, more compassionate people, with more capacity of heart to take in other people’s sorrows and joys. These are broken-hearted people, but their hearts have been broken open, rather than broken apart. So every day exercise your heart, by taking in life’s little pains and joys. That kind of exercise will make your heart supple, the way a runner makes a muscle supple, so that when it breaks, (and it surely will,) it will break not into a fragment grenade, but into a greater capacity for love.” Parker, a world-renowned writer, speaker and activist who focuses on issues in education, community, leadership, spirituality and social change, offered six brief suggestions about the road ahead of the graduating class of 2015. Read full text at http://www.couragerenewal.org/living-from-the-inside-out-parker-palmers-naropa-university-commencement-address/.